Monday, May 29, 2006

Así, se los juro, lo soñé


Por un momento fue de oro. Parecía... Pero, experto ya, el chino Ni Xiong tenía una deuda doce años vieja, consigo mismo. La saldó: arrebató por apenas 30 décimas de punto la medalla áurea al mexicano Fernando Platas, en el trampolín de tres metros. Dimitri Saotin, el mejor clavadista del mundo, en el último salto perdió el primer lugar: bronce. Xiong refrendó su título obtenido en Atlanta; miró al cielo. Agradeció y echó a llorar, como muchos, tantos más...

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.— Amanece nublado y pronto llueve en cascadas de intermitencia que no cesa. No escampa la tarde entera en la ciudad. Las nubes amenazan perpetuarse y la ducha arrecia aún más cuando esta oscuridad cubre el Parque Olímpico y Fernando Platas camina estremecido hacia el autobús que le conduce a casa: Villa de Atletas.

Pende en su cuello una medalla. Es de plata.

Tirita el subcampeón de Sydney.

--...Me duelen las piernas –confiesa, y su gesto se pinta de un sufrimiento poco usual--; y la cabeza... siento que retumba.

Camina aprisa, Fernando-medalla-de-plata.

Larga, húmeda, de enormes cuervos australianos que graznan todo el día, ha sido su jornada. Desayuno muy temprano, camión al Centro Acuático, semifinales. Suma puntos, para la final nocturna.

--¿Saben? –pregunta a una tercia de reporteros que se han colado hasta zonas prohibidas en las entrañas de la fosa de clavados--, lo que ahora pienso es que esta medalla es de todos: de Juan, el que lava cada cuando la alberca en el CDOM; de Jashia, que no deja de quererme; de mis padres, de México. De ustedes...

Qué dolor el de Fernando. Qué alegría.

Nunca antes, confiesa, ha sentido algo similar.

--Después de una competencia algo así percibía: temblor, flaqueza, un dolor agudo que se mete hasta los huesos. Pero nunca como hoy. Nunca tan fuerte.

Deja atrás el bello complejo que resguarda las albercas, donde antes fango hubo y hoy escenarios olímpicos existen; atrás las escenas pocas veces aprehensibles. Atrás las emociones que casi le dan una capa de dorado a su trabajo en el trampolín. Atrás esos días de brega por encontrar la perfección, que, lo sabe, aún no logra. Atrás ese vasto y variado acopio de imágenes, retratos que muestran su infinito voracismo. Años que, lejos de una medalla olímpica, se convirtieron por momentos en un periodo opaco, penitenciario, de aislamiento que frustra y que desgasta. De ensimismamiento sin igual.

Pero hoy no hay cabida para todos esos sentimientos.

Camina aprisa hacia la Villa Olímpica, Fernando.

Llovía cuando despertó. No se despeja de nubes este cielo. No guarece de la lluvia, el clavadista. La disfruta. Su andar es firme y gruesas gotas le van cubriendo el gesto. Porta en el pecho su medalla. Sí. La que le faltaba.

--¿Sabes qué pienso –revela, casi al oído--, también, en este instante?

--No, Fernando. Dínos. ¿Qué pasa por tu mente?

--Que esto, todo esto, algún día, hace algún tiempo, lo soñé.

* * * * * * * *

Aquatic Center.

Sydney. 26 de septiembre, 2000.

Lleno total.

Desde mucho antes de las siete de la tarde se pueblan las tribunas. Es numeroso el contingente mexicano. Una bandera, dos, tres... Grita Jorge Rueda, entrenador, y uno de los jueces de espeso y blanco bigote le reclama. No le gusta que se celebre cada salto, así, tan estridente. Les conmina a callar. Nadie lo hace, por supuesto.

Porque desde que inicia la primera ronda de clavados, Fernando Platas se coloca en muy buen sitio. Ha elegido iniciar con un Tres y media vueltas al frente.

Y ya.

Su entrada al agua es impecable. Pero le sigue Dimitri Saotin y es campeón olímpico, en estos mismos Juegos. Y es el mejor, el que está por despedirse de las competencias.

Poco a poco se desprende el ruso.

Ni Xiong debe venir de atrás: después de su primera ronda, termina quinto. El rival a vencer, en esta parte inicial de la serie, es su propio compatriota Hailiang Xiao.

Se va sucediendo la serie, rápida, apenas pasada la hora y veinte. Cerrada. De antología.

Hasta que...

La fosa de clavados enmudece.

Penúltimo clavado:

Fernando ha sido el más consistente. Ochos y ochos y medios; nunca un siete (un siete punto cinco, del quinto juez, en su, también, quinto clavado: un Dos y media vueltas de holandés con medio giro). El lance le vale 79.5 puntos.

Saotin tira Una y media inversa con tres giros y medio: sietes, un ocho; y, al multiplicar las puntuaciones de los jueces (después de eliminar la más alta y la más baja) por el grado de dificultad: 77.52 puntos.

Ni Xiong, atreve un Dos y media al frente con dos giros: 3.4 uno grados de dificultad. Poca agua, entra en perfecta vertical; gruñe, se estruja la tribuna que ondea enormes banderas chinas. Califican los jueces: sietes y sietes cinco. Suficientes para 77.52 puntos.

Suficientes, sobre todo, para colarse al segundo sitio cuando sólo resta un salto.

Los latidos aceleran

Termina la ronda. Se lee a lo alto del tablero:

1.—Dimitri Saotin: 638.10 puntos

2.—Ni Xiong: 627.12

3.—Fernando Platas: 624.78

Entre ellos es la lucha. Hialiang Xiao nada puede hacer ya sino asirse a su cuarto sitio.

Y a partir de aquí: el salto seis, que todo lo decide.

Avanzan a ritmo de vértigo por el trampolín, entre porras indistintas, todos los competidores. La atención se enfoca en los últimos.

Platas cierra así: Dos y media vueltas al frente con dos giros. 3.4 grados de dificutad. Y sus puntuaciones, sobre ochos.

Jashia Luna, su novia, no quiere verlo en vivo. Se va escurriendo conforme avanza la serie de clavados y llega hasta allá, donde junto con un italiano prefieren seguirlo por televisión. No es ninguna sorpresa, lo que ha hecho, dice. “Si tu lo vieras: entrena tan duro cada día... A esto vino, por una medalla, a vencer a Saotin: gracias a su dedicación, a su esfuerzo”.

Y ya viene Dimitri al trampolín.

No tiene por qué arriesgar. Pero lo hace. Desde 24 horas antes ha entregado su lista de clavados y nada la puede modificar.

--Cuando vi que metió un 3.5 grados de dificultad, pensé: no lo va a hacer. Aquí le arrebatamos la medalla –confiesa el entrenador Jorge Rueda.

Allá va el ruso campeón del mundo. Arriesga porque, se ha visto: andaba mal en el inverso, que falló; sobre todo, no logra controlar esta noche los giros. Y defectuoso es, nuevo para él, en competencias internacionales. El castigo será una lluvia –igual a la que cae afuera, abundante, nutrida-- de seises y seises y medio. Se la jugó al cierre. Y a veces se pierde, como hoy: se queda corto, un poco en B, salpica mucha agua. 65.10 puntos, nada más. Pierde lo que ganado estaba. Y se va al tercer lugar. Bronce es, no hay más.

El oro, en este instante, para Fernando, el mexicano.

Cómo ondean las banderas, cómo gritan compatriotas.

Pero tiene una ventaja, ligera, Xiong: tres puntos. ¿La aprovecha?

Sí: ejecuta el mismo cierre que Fernando. Lo hace bien, aunque se le va un poquito al final; bien los giros, bien las vueltas; mal, acaso sólo un poco, la entrada, pero suficiente para sacar ochos y ochos y medios, necesarios. Suficientes. Y los jueces califican: 81.60.

Todo está escrirto:

Treinta décimas lo separan de Fernando: es doble campeón olímpico en trampolín.

El tablero final, que todos celebran:

1.—Ni Xiong, China.- 708.72

2.- Fernando Platas, México.- 708.42

3.- Dimitri Saotin, Federación Rusa: 703.20

Mira al cielo el clavadista chino. Echa a llorar, está feliz; muchos le imitan.

Sobre 700 puntos. Nunca antes, Fernando, nunca. Y tú, Ni Xion, ¿cuándo sobre un 700?.. Sí, aquella vez, con Louganis. Qué tristeza.

Y hoy, caray, cuánto alborozo.

* * * * * *

Nació en la Ciudad de Mexico el 16 de marzo de 1973. Es hijo de Fernando Platas Soria y María Virginia Álvarez. Sus hermanos, Enrique y Esperanza, quienes practicaron la natación competitiva, influyeron para que escogiera los clavados como su deporte. Aunque también tuvo que ver lo inquieto que era de niño. Sus padres lo llevaron a la Unidad Cuauhtémoc del Seguro Social cuando tenía 9 años, para que empezara con la práctica deportiva. Cursó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio La Salle. Estudió el bachillerato en la Universidad La Salle y en el Instituto de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Estado de Mexico, donde llegó hasta el séptimo semestre de la Licenciatura en Administración de Empresas.

Empezó a entrenar bajo las órdenes de Salvador Sobrino, quien lo preparó para que participara en sus primeras competencias en las categorías infantil y juvenil. Cuando Sobrino emigró a Australia, siguió entrenando con Gustavo Osorio y actualmente, su preparación enfocada a los Juegos Olímpicos la dirige, Jorge Rueda.

En 1988 tuvo la primera oportunidad de competir en una prueba selectiva, en la que ocupó el tercer lugar en la plataforma de los 10 metros, cuando tenía sólo 15 años. Un año después, en Leipzig, Alemania, hizo su debut internacional y obtuvo la medalla de bronce; recompensa. En 1990 regresó a la ciudad alemana para coronarse, tanto en el trampolín de 3 metros como en la plataforma de 10, así fue como inició su trayectoria. De forma modesta pero, en base a la persistencia y a su empeño, consiguió resultados en los Juegos Centroamericanos, Panamericanos, de Gran Premio, Mundiales y Universitarios.

* * * * * * * *

Llora frente a la televisión China, Ni Xiong, copiosamente.

Lloró frente a la televisión estadounidense Greg Louganis. También.

Es tiempo de revancha.

Tenías 14, años, Ni Xiong... Y esto sucedió:

26 de septiembre de 1988.

Centro Acuático Juegos Olímpicos, Seúl.

Final en plataforma de 10 metros deparada para la élite. Jesús Mena tiene el bronce. Pero el oro se decide de esta forma:

Un hombre toda exquisitez llamado Greg Louganis –narró Ramón Márquez C.—y el chino Ni Xiong, también depurado artista en eso de tirarse al agua.

Enorme duelo que se define en el décimo clavado. Xiong puntea la calificación. Va por el oro. Ha ido hacia arriba. Ni Louganis parece capaz de detenerlo.

Xiong ejecuta tres y medio giros con una y media vuelta atrás.

Los aplausos ya se desgranan en las tribunas. Espléndido desarrollo y conclusión: 637.47 puntos el total.

¿Quién supera eso?

¿Quién supera a este quinceañero Ni Xiong?

--A estas alturas yo me conformaría con que un punto de diferencia le dé la victoria a Louganis –había dicho horas antes de la prueba Ron Obrien, uno de los directores de clavados de Estados Unidos--. Y es que Greg no está entrando bien al agua...

Así habpia sido. Pero entonces Louganis, con toda su experiencia y el orgullo de campeón –en trampolín--, fue a conformar su talento. Ya no más frágiles sonrisas. Era la hora de la verdad... Y con un tres y medio holandés le puso firma a la medalla de oro. Entrada al agua con excelencia y un total de 638.61 puntos para el oro. Louganis, otra vez, como en Los Angeles, doble campeón olímpico.

--Estoy feliz, muy feliz –diría Louganis.

Sin duda. Lo está.

El clavado de la muerte, le decían al que ejecutó Louganis aquel día en que Jesús Mena, con 594.39 puntos, debajo del estadounidense y de Ni Xiong, se quedaba con el bronce.

Dos muertos llevaba en esa temporada, esta terrible ejecución. Louganis lo dominó hasta que logró hacer de él un salto primoroso: y venció a Ni Xiong por apenas poco más de un punto.

Lloró aquella noche el chino. Lo hace hoy.

Porque, ah, qué historias tiene el deporte: la revancha ya llegó, oportuna. Radiante. Floresciente: inició mal Ni Xiong la serie final en el Acuatic Center de Sydney. Fue recuperando poco a poco. Se coló al tercer puesto después de cinco saltos, de seis. Arrebató --como aquella vez se lo hicieron a él-- la segunda posición que tuvo todo el tiempo el mexicano. Y al final... por 30 décimas, ganó.

Copiosamente llora, de felicidad, Ni Xiong. Lloró Louganis. Lo hacen ahora cientos, miles.

* * * * * *

El monólogo, ahora, es de Jorge Rueda, que habla a casa al terminar la competencia y encuentra a la familia despierta: lo-vi-mos, lo-vi-mos se entrecorta la voz de su mujer, envuelta en ese llanto que estremece.

Le faltaba técnica a Fernando. Aún le falta: altura, ejecución, entrada. Eso se ha ido corrigiendo: la forma de abrir, la forma de cubrir; cubría muy rápido. Se le iba la cintura. Ese fue el cambio: tres años lleva ya conmigo y no pensé que lograra corregirle. Le falta, pero sí corrigió bastante. ¿Qué hacer? No debes descomponer el ejercicio, y empezar con clavados sencillos, sencillos... Como cuando una nota musical no te sale y empiezas: mi, mi, mi, mi. O en la escritura, con los niños, que comienzan a hacer bolitas en el cuaderno. Es decir: te vas a lo básico. Y desde ahí partes. Ya después regresas al nivel.

No se entendió con Gustavo Osorio. Empezó a tabajar desde niño con Salvador Sobrino, que lo llevó a Barcelona, lugar 17. Luego estuvo con Gustavo Osorio, tres años. Y bajó sus puntuaciones. Ya no llegaba a 600. Y fue él quien decidió por sí mismo entrenar conmigo. Todos le decía que no, pero él confió en mi. Y de 590 puntos ahorita hizo 708; subió más de cien puntos. Esta, sin duda, ha sido su mejor puntuación. Yo esperaba sobre los 670, 680, nunca 708. La verdad, nunca.

* * * * *

A un lado de la zona de prensa, temblando de alegría logra Eduardo Rueda lo que parece un discurso automotivacional.

Qué prueba, se decidió al final... Y qué final. La verdad, ese último clavado de Saotin se lo he visto muy bueno, pero también tan malo como el de hoy, en varias ocasiones.

Qué te digo: que son clavadistas con tanta experiencia en este tipo de torneos: el chino es campeón de Atlanta; y Dimitri... es Dimitri. Esta ha sido una de las pruebas más emocinantes en las que yo haya estado. Una de las mejores en mucho tiempo, en Juegos Olímpicos.

Y de verdad le doy gracias a Dios por haberme permitido presenciarla en vivo, porque será una experiencia irrepetible: saber que tu amigo, tu compañero, el que ha luchado tanto y día con día ha trabajado con denuedo, tiene por fin su medalla, es algo que te da mucho, mucho gusto. Se lo merece, completamente.

Y mucho ayuda que el equipo de hoy se ha conjuntado; es muy unido.

Simplemente le diré, ahora que pueda abrazarlo en la Villa de atletas, que es lo que se merecía. Porque es mejor, no tengo duda. Y todo esto gracias a su tenacidad... Qué bueno que tengo la oportunidad de competir el jueves, a su lado.

Y este resultado, la verdad, me relaja. Porque hay mucha diferencia entre competir aquí y en otro lado. Sería muy mentiroso si te digo; no, nada tiene que ver. Claro que hay presión; te envuelve un poquito, te enreda los pensamientos tanta gente, el saber que el mundo entero te está mirando. Pero ya estamos aquí y lo único que nos queda es hacer lo mejor, en los sincronizados. Yo, no lo dudes, me pondré a la altura.

Porque ya una vez sufrimos un tropiezo. Pero Fernando es tan fuerte de la mente; tiene una capacidad increible para estar tranquilo cuando debe y concentrado en competencia... En enero sufrimos algo muy duro: en el selectivo para 10 metros sincronizados éramos favoritos para estar, aquí, peleando una medalla. Desafortunadamente en ese selectivo, en esta misma fosa, tuvimos un error, ambos, simultáneo, y quedamos en noveno: entraban sólo los primeros ocho. En el último clavado íbamos por plata o bronce y ¡fallamos!.. ¿Tú sabes lo que eso?

Nos miramos, qué duro momento.

Lo platicamos y decidimos superarnos; echarle todas las ganas a los sincronizados en tres metros. Pero eso es lo que tiene el deporte: llega el tiempo de revanchas. Ya llegará la nuestra, eso, ni lo pienso.

* * * * * *

Fernando Platas tuvo que recorrer este camino: cincuenta competidores, en la preliminar; clavados libres. De ahí se eliminabam hasta quedar 18; en la semifinal, con saltos obligatorios, otros seis salen, para quedar doce, pero esos saltos ya puntean para la prueba de la noche.

Es tiempo de revanchas.

Tiene la propia Jorge Rueda: “Presionamos al ruso, así estaba diseñado, y nos desquitamos después de veinte años de que nos ganaron la medalla de oro, allá en Moscú, con Carlos Girón. El ruso no aguantó la presión y eso de que se trata del mejor clavadista del mundo.

Y ya acaba el relato de esta jornada lluviosa, incontenible, en la que una bandera verde-blanco-roja, ondeó en la ceremonia.

Se va Fernando Platas, mojado, a cumplir con compromisos de Té vé. Lleva al pecho su medalla; apenas unos minutos, porque debe ir a entrenar.

Ya amanece. Se escuchan todavía, como al oído, sus palabras.

--...En mi fantasía había, es verdad, algunas variaciones, como que yo ganaba el oro; y casi-casi... Pero así, se los juro, lo soñé.



Septiembre, 2000



"Sigo estando igual de feo; no se me cayó un brazo... No me creció otro"

Tarde se levantó Fernando Platas, al otro día de su conquista. Tranquilo. La jornada, como cualquier otra. Por el momento, lejos del acoso de los medios, porque sigue entrenando. "No quiero pensar en lo que viene"...

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- Al acostarse se volvió hacia la almohada, y dijo: “Aquí está, la medalla. Y es de plata. Gracias Dios mío. Gracias”.

Y cayó como una roca sobre el agua.

Era tarde. Las televisoras, tan rapaces como irreverentes, habían querido, junto con radiodifusoras, asirse del primer trozo del subcampeón en trampolín y, a pesar de la advertencia: tiene que entrenar para su siguiente prueba, se vio obligadamente desvelado. Fue a la cama a eso de las tres de la mañana.

Al despertar, lo primero: mirarse al espejo.

--Y qué gusto. ¿Sabes qué encontré? --pregunta aquí, a un lado de a alberca, sentado sobre el césped tapizado dehoas secas; espera que Jashia Luna, su compañera, inicie eliminatoria--: que sigo estando igual de feo; que no se me cayó un brazo; que no me salió uno nuevo. ¡Soy el mismo!

La risa fluye franca. Espontánea; es deveras infantil.

--Eso soy, antes que nada: un niño. Eso quiero seguir siendo. Tener el espíritu jovial, la sangre ligera. No me gusta la solemnidad de los adultos. Cuando tenía 18 años, y alguna vez hablamos, rumbo a Barcelona, te decía: temo que el tiempo pase e irme convirtiendo en un adulto. Sigo pensando igual; soy un alma de niño. Y sabes por qué: porque finalmente la vida se trata de eso: de ser feliz. Y a mi me hace feliz sentirme así. Trata de no pensar Fernando Platas en la magnitud de sus alcances. ¿Para qué? Si aquí todo está tranquilo. ¿El estadio, rebosante como pocas veces, atestigua. La gente que boleto en mano camina aprisa, en el complejo deportivo, se atropella mutitudinariamente, allá, en donde las compras son casi por kilo en la Megastore de los Juegos. Publicidad absoluta. Pero aquí, a unos pasos de la fosa, paz. Serenidad. Risas y recuerdos.

--De todos ellos, es la medalla, claro, lo dije ayer, de los que limpian la alberca, de tantos cuates con los que convives día a día. De ellos es.

Evade en lo posible que su mente se convierta en imaginería y viaje quince mil kilómetros para encontrarse con sus compatriotas inundados ya del nombre Fernando Platas. Ya le sucedió a Soraya, que recién regresa.

La charla con este infante de tenacidad ya veterana se da a unas horas de su hazaña.

--Prefiero o pensar en eso, en lo que viene. Que mi llegada a México, mi recibimiento sea como debe ser. Que pase. Que sucede. Así, sin planearlo. Claro que me da gusto que a todos les dé gusto, allá, en la tierra. Por supuesto que me encanta que mis papás de sientas anchos del orgullo. Pero, entiéndanlo: prefiero que así sea. De por sí la fama abruma...? De hecho no es que me dé miedo, pero no quiero pensarlo. Que pase lo que tenga que pasar. Y el día que llegue a México, meterme a la cama, despertar al otro día y sentir que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Siempre he pensado que la medalla no te afecta si tu lo quieres. Y eso lo tengo que demostrar.

--Tanto tiempo de suelos, sinsaber qué viene atrás.

--De verdadm no te pones a pensar: tu objetivo es esto. Y lo de atrás, te olvidas. El mismo Jesús Mena me lo decía lo que viene después es más trabajo, es más reponsablidad, más compromiso, porque de verdad ahora vas a ser una imagen. Una figura. Y si ya aceptaste el compromiso pagando lo que tenías que pagar con entrenamientos para llegar, pues ahora el compromiso es mayor.

--Qué se siente.

--Padrísimo. Pero sabes qué es lo más padre: saber que la gente lo disfruta. Yo sé que anoche había, aquí, en el Centro Acuático, mexicanos amigos míos de la secundaria. Alcancé a ver a algunos. Gente que conoces, y ver que estaban emocionados por algo que tu habías hecho. Ese es el orgullo: ver a tu entrenador tan feliz, ver a la gente que te ha ayudado a crecer, como el mismo Jesús, como Carlos Mercenario. Verlos plenos de orgullo. Eso es lo que más más más más te llena.

La conversación por momentos pretende tomar tintes de entrevista, pero la entrevista ha querido ser charla casi íntima.

--Hablaste con tus papás, ya, Fernando?

--Sí, ya hablé con ellos.

--¿Están aquí?

--No, no vinieron. Se quedaron allá.

--Mira, a diferencia de otros padres, que por acá andan.

--Sí, es que así somos. Así soy. Precisamente el otro dia Jorge Rueda me decía: “oye, tu casi no hablas a tu casa...” Casi no hablo. Y es que ellos saben que si no hablo es quen estoy bien.

--Pero algo deben sentir, ¿no es así?

--Mi mamá estaba llorando. Hablé con mi hermana, pero con mi hermano no, porque vive en Estados Unidos, ya se va a casar.

--¿Abruma al deportista el gigantismo de los Juegos?

--Sí, te envuelve. Y me decía Jesús el otro día: la diferencia entre el medallista y un no medallista es que uno se deja llevar por todo lo que significa Juegos Olímpicos, y el otro, el que está en el podio, es el que hace lomismo siempre y para él es una cometencia más. El que logra pensar así está en el podio.

--Qupe contradictorio, parece, Fernando. Porque los Juegos son espíritu. Son historia. Son la expresión más excelsa del paso de la humanidad. Son... Los Juegos.

--Sí. Tengo una clara idea de lo que significan. Es una fración pequeñita, pero lo tienes: es un sentimiento muy raro, que está ahí. Y que lo sientes. Yo le llamo la magia de Juegos Olímpicos.

Inica la competencia. Desde nuestro punto de observación, a unos metros de a entrada al complejo de agua, observa a lo lejos que Jashia va a tirar. Se excusa y corre. En este momento nada logra detenerlo: su novia le pidió ¿me tomas fotos? “Y no tengo sino cumplir. O pa´qué quieres.

No lo dejan pasar a zona de fotógrafos. Se introduce. Aprieta obturador, sale veloz:

“Cuando imagino, así, en breves segundos para no distraerme, sí, claro que me da cosilla. Y pienso: ay, Fernando, no muevas los pies de la tierra”.

* * * * * * * * *

Es Jorge Rueda, así, verdaderamente, el que lo ha hecho posible.

Todo el mérito le pertenece. Lo sabe, lo siente. Apoyado en todo momento por su hermano Francisco, han detectado falas en el clavadista que hoy polariza la atención.

Sin embargo, viven aquí escenas que les llenan de coraje.

Al finalizar la prueba de trampolín, y como acostumbran hacerlo las televisoras mexicanas que han perdido totalmente la compostura (a Soraya Jiménez la acorrlaron en un túnel, la hicieron llorar clamando por ver a su familia. Ya déjenme salir, suplicaba mientras ellos, a insultos, peleaban la exclusiva; a Noe Hernández así, literalmentem, lo jalaban de los brazos ganarlo y transmitirlo segundos antes que el rival en negocios. El mismo presidente Zedillo ha debido partirse a la mitad, con Fernando Platas), se llevaron al ganador a sus estudios.

Primero, ahora, fue la empresa de Azcárraga (que desplegó para esta cobertura el doble de gente que el número de participantes mexicanos en las pruebas), lo decidió Jorge Rueda.

Pero no agradecen.

Es casi a las doce de la noche que los transportan, en medio aún de una pertinaz lluvia, a un estudio de televisión. Al llegar:

--...Metieron a Fernando a entrevista en vivo, con Jorge Berry. Y no lo vas a creer; nos dejaron afuera a mi hermano y a mi, en un saloncito, más de hora y media. Casi dos. Así, solos. Sin que nadie nos hiciera el menor caso. ¿Pues qué se creen?, no ienen ni idea, mano, de lo que están haciendo. Yo que los tenía en tan alta estima, yoque pensaba que Burak, Toño de Valdés, todas esta gente era profesional. No. ¿Qué no se dan cuenta de que sin el entrenador el chavo, de verdad,no lo hubiera logrado? Tú te imaginas lo que sucedería si yo lo dejo solo en una competencia así: pues se derrumba. Y no nos pelaron. Eso es algo que jamás olvidaré.

Quisieron resarcirse, al final.

--Don Jorge, pase usted...

La respuesta, a la altura:

--...Ni madresm, sánse a la chingada.

Recuperaron Francisco y Jorge a su clavadista y partieron a los estudios que, la otra televisora, tiene instalados aquí.

Pero las actitudes groseras no le preocupan mucho al entrenador del camepón.

Lo que le interesa es su futuro.

Han sido 40 los años dedicados a la enseñanza de clavadistas. Ahora mismo está orgulloso de lo que podrá hacer con ellas, Azul Almazáz y Jashia Luna,m rumbo l siguiente ciclo. Piensa ya en todo lo que falta orregir al mismo Platas.

Pero, ¿sabe usted cuánto gana Jorge Rueda?

Este año, el que cierra el ciclo olímpico (para todos los que practican el deporte con miras a unos Juegos, el mejor): treinta mil pesos al mes.

--Que han sido muy buenos, para soportar los gastos de la casa, la educación de los hijos. Pero esto se acaba terminando los Juegos.

Así es. En octubre se van todas las becas, y regresa Rueda a su sueldo normal que no supera los nueve mil pesos mensuales.

--¿Qué va a hacer?

--No lo sé, hermano. Pero por ahora trato de no preocuparme. Son los problemas que siempre ha tenido nuestro deporte. Todos los entrenadores vivimos apenas para pasarla bien. Ya me han ofrecido aquí, en Sydney, que me quede a vivir. Y claro que lo pienso: por entrenar a los pequeños que entrenan en esta misma alberca, ya hablaron de dinero: cinco mil dólares al mes. Y no creas, a mis hijos les encantaría. Allá ya me han asaltado dos veces, a mano armada; mi esposa está muy temerosa. Las cosas no pinte nada bien. Lo pienso, claro que sí. Pero al final, siempre termino después de dar vueltas y vueltas, convecido: no. Aún tengo mucho que hacer por mi país.

* * * * * * *

--Cuál ha sido el secreto, Fernando. ¿Porqué tus rivales se llenaban de medallas olímpicas, Saotin, Ni Xiong, y tú no?

--Ahora puedo decirlo: no hay más: la diferencia es el entrenador. De él es el secreto. Yo sólo hago lo que me dice, y mira. Todo mundo, y eso es lo que me hace sentirme orguloso de mi delegación, vinimos a Sydney a rifárnosla. Y hablamos de todos. Los que han ganado y no. Esta vez vamos a regresar con la cara llena de satisfacción: tenemos atletas de élite; personas, sobre todo, de una gran calidad humana. Es un grupazo.

Antes de irse a tomar fotos a su novia, “que si no me mata”, estalla la carcajada, jovial, la broma.

--...Ahora sí que --se despide Fernando y emprende la carrera-- en este grupo, hasta el más pelón se hace trenzas, ¿cómo ves?




Septiembre, 2000

En el tercer escaño



Tres años sin perder... y ahora, la bandera en el tercer escaño

Tiene el mismo gesto Víctor Estrada, como si hubiese cumplido las expectativas. Lo hizo, en realidad. Porque aquí, como dicen los conocedores, "aquí, hasta los grandes caen"... La disfrutaré como si fuera de oro, "porque cómo duele el obtenerla", afirma, y ratifica: se va, no más. Es suficiente

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- Si estrujante es oir el himno, no se queda muy atrás el ver izada la bandera. Lo logró Víctor Estrada.

El recinto estalla en porras, de eas que no acaban. Son decenas., casi cien, acaso más, los mexicanos que le observan. Que también ya le veneran.

Porque había dicho Víctor, hace un par de meses, cuando de gira y concentrado se encontraba: lo que más extraño es a la familia. Y lloro, sí, cada noche, porque aquí --en Corea--, los golpes son muy fuertes.

Y cómo duelen.

Cierto grado de crueldad posee cada deporte. En la marcha, lo hemos visto, hasta devasta; imprime fuerzas para recomenzar. Pero en el taekwondo la crueldad lastima, hiere.

Por eso la alabanza en cada porra.

Por ello la esperanza que no muere.

Cae Víctor Estrada ante el cubano.

Angel Valodia Matos Fuentes, quien sucumbiera en Winnipeg, hoy viene mejor preparado y se lleva, al final, el oro olímpico. Ya podrá hacer las dos cosas que más le gustan en la vida: jugar billar, tranquilo, y dedicarse a enseñar a los menores, allá en Holguin, otro bello punto en esa isla del orgullo.

Tres años sin caer en una final. Cae Víctor Estrada. Y se va.

* * * * *

Bronce para México.

Lo dice el resultado: 3-1 al sueco Roman Livaja en la división de los 80 kilogramos.

Pero Estrada tuvo que sortear cinco combates este viernes, de los cuales cuatro fueron victorias y una derrota ante el cubano Angel Matos, quien le rompió así una racha de dos años y 11 meses invicto, además de impedirle la posibilidad de disputar el oro.

Víctor hizo lo suficiente sobre el área de combate para superar al sueco Livaja, esta vez casi abucheado pues dejó al local Warren Hansen fuera del cuadro de medallas.

El mexicano supo sacar ventaja de su mayor experiencia y manejó el tiempo del combate para así enfilarse a la victoria. En el primer asalto, Estrada se mantuvo a la expectativa y tuvo un buen contacto sobre el peto del rival para irse arriba 1-0.

El mejor asalto, de ambos, fue el segundo, en el que se entregaron con decisión, aunque el mexicano siguió con su estrategia de mantenerse más a la expectativa y contragolpear al contrincante. El resultado aquí favoreció de igual forma a Víctor, que se ponía 2-1.

Muy pasivo, le reclamaban en tribuna, al mexicano. Una, dos, tres veces, a combate les llamaba el réferi. Hasta que, en los últimos 10 segundos le fue descontado un punto por amonestación, luego de rehuir en dos ocasiones el combate.

Para llegar a la final por el tercer sitio, Víctor Estrada debió dejar en el camino al chileno Felipe Soto, después a Sebastien Konan, de Costa de Marfil, y finalmente al sueco Roman Lijava.

--Sí, me retiro: no hay más.Tenía que pensarlo, pero creo que ya, que ya basta, hay que hacer otras cosas. Ahora quiero ser entrenador, y puedo serlo a partir del panamericano; hay que platicar. Tengo nivel para continuar, soy superior a los demás, incluso sobre el cubano Angel Matos: Muchos deportistas me dijeron `tu eres el mejor de la categoría', pero ya basta. Basta. Sí, me retiro. No hay más. Voy a festejar esta medalla como un oro, porque de verdad no saben lo que sufrí toda la tarde, sufrí muchísimo, fue difícil para mí reponerme, estaba muy decaído y la voy a festejar como si fuera oro.

Y luego, a esto que parecen pretextos:

--Definitivamente me imaginé que iba ser algo honesto, que iba ser algo limpio, pero bueno, si se fijan en este día, hubo varias situaciones raras, varios países quedaron fuera de manera bastante penosa, porque es penoso que pase esto en unos Juegos y dan al traste con tantos años de esfuerzo; sí, estoy triste y algo desanimado.

***

"La pobreza pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra que con el pretexto de la pobreza echan los hombres sobre sí".

Esto escuchó Matos, al salir de su país. Apenas una pequeña parte del discurso a los cubanos. Juega billar. Está casado. Dos hijos tiene en Hoguín. Será maestro. Y si ayer en Winnipeg cayó, hoy, pasando sobre Estrada --campeón mundial, tres años sin perder--, le gana la medalla, la dorada...


Septiembre, 2000

Sunday, May 28, 2006

Soraya, fuerza arrolladora


Soraya: fuerza arrolladora

La hermosa tarea de protagonizar una historia

Pedro Díaz G.

Una pregunta entre todas sorprende a Soraya Jiménez.
Está ante un auditorio de periodistas, ha ganado la medalla de oro, la primera de una mujer mexicana. Ha estremecido al país; enloqueció a un centenar de compatriotas que ondeaba banderas y gritaba ante cada uno de sus levantamientos. Escucha:
--¿Sabe usted, señorita, la trascendencia de lo que acaba de realizar?
Mira la deportista hacia la parte alta del salón. Fotógrafos. Flashazos. En perfecta sincronía cámaras de televisión siguiendo en vivo cada uno de sus movimientos. Tras un breve silencio, su expresión se vuelve infantil ante lo honesto de la respuesta.
--No. No me he detenido a pensar...
Lo hará, minutos más tarde, cuando la euforia se vuelve sinrazón e inicia abruptamente su ingreso a la inmortalidad histórica, a la gloria deportiva, a la pleitesía de una nación entera. Cuando se sucede esto:
No avanza entre la pequeña multitud que la acoge con vehemencia; el espacio se reduce a cada paso hasta hacerla detener. El auditorio para mil personas lucía vacío, hacía unos instantes: un puñado de reporteros cuestionando lo que parecía tan sólo una conferencia de prensa. El acoso sobrepasa los límites tras la última pregunta formal: entre dos grupos se disputan sus primeras palabras, la exclusiva, palabras de oro que preceden al clamor. El pequeño grupo crece ante la desmesura. No en número, sí en violencia. Trata Soraya de evadirlos, se arropa con una de las reporteras, amiga también, que rauda busca una salida.
La de emergencia está clausurada; intentan huir, pero...
Medalla de oro.
Llora Soraya, aquí, en el Centro de Convenciones de Sydney la noche del lunes 18 de septiembre de 2000 porque el camino oscurece: en esta parte no hay luz y los pasillos se vuelven lúgubres reductos. Solloza porque la salida está tapiada y debe volver, enfrentar a ese electrónico monstruo informativo cuyos representantes se insultan, jalonean, reclaman derechos y pierden compostura.
Parece atrapada.
Pero hay negociaciones, los bandos ceden y los hombres de la televisión otorgan; la calma vuelve.
Cumple compromisos Soraya. Habla.
Y ya: libre al fin.
Soraya en la Bahía; es noche, los mexicanos que estremecieron con el Himno y su figura a lo alto del podio, cantan al México 15 mil kilómetros distante y ondean banderas con ese orgullo que pocos habían saboreado y que causa expectación entre los turistas a la búsqueda de algo de cenar:
¿Mexicana y medallista? -preguntan en todo idioma.
Oro.

* * *

Reposa el cuerpo inanimado.
Dialogan los médicos; analizan los forenses.
Soraya Jiménez:
--Cuando estuve en la universidad tuvimos la oportunidad de ir, varias veces, a ver a los muertos, acompañando a los forenses; de estar ahí, viendo cómo trabajan, qué hacen. Y me gustó. ¡Me gustó mucho! Platicando uno de ellos me decía: "La gente piensa que nos volvemos muy fríos, que esto, que lo otro, pero eso no es cierto..." Y me empezó a llamar la atención. Dije, "me interesa": sobre todo porque abogados penalistas hay muchos, muchísimos. Y deduje, no, derecho forense realmente es una carrera relativamente nueva. Mucha gente no se va con ese tipo de especialización...
Sonríe la atleta meses después. Rememora. Delinea en algunos trazos los caminos por los que ha transitado en los últimos años. Ternura convertida en fuerza arrolladora.
Alguna vez le tocó el difícil papel de convivir, con-morir con un cadáver. Tocarlo. Mirarlo fijamente y preguntarse los porqués de esa historia que ahí acababa. ¿Qué sintió?
--Miedo, al principio -tiritan en sus labios las palabras. Sonríe, divertida-- Sí al principio sentía miedo. Decía "Dios mío, qué es esto, qué hago yo aquí... pero cuando me fui acostumbrando a las imágenes, a lo fétido de ese olor, y a todo eso me di cuenta de qué estamos hechos: vi el cuerpo humano por dentro.
--Cómo es.
--Lleno de víceras. Sí, así somos. Qué bueno que no nos ven por dentro, pensé. Y también qué bueno que hay gente especialista en estudiarlo a uno. Es impresionante. Pero también es bonito.

** *

Soraya es fuerza arrolladora.
La vida entregada a los que quiere.
Amistad, familia, amores, relojes y muñecos. Un Taz inseparable.
Las llamadas por la noches que le anclan a la vida porque: no es sencillo triunfar, y la distancia obstaculiza.

* * *

1996.
Una tarde, el deporte requirió de su presencia.
Pero el deporte no estaba preparado.
Con la ilusión puesta en su primer campeonato mundial, debía acercarse a las oficinas del Comité Olímpico Mexicano. Solicitar avales. Será un simple trámite burocrático, imaginó.
No.
Mujer.
Mujer-deportista.
Y, frente a ella, un militar: el mayor Soto, encargado de recibirla y atenderla.
--Y él no creía en las mujeres. Me dijo: "no vas, eres mujer y tienes que quedarte en tu casa".
Por supuesto, procedieron los reclamos.
Y la insistencia, compañera inocultable. Dieron resultado todas las presiones. Pero...
Soraya. Y su gesto ahora es como un reto:
--Dos días antes de que el equipo saliera, me autorizaron el aval; él se acercó y me dijo: "Si no quedas dentro de los 10 primeros lugares del mundo, no les pago nunca más nada, pero si quedas dentro, yo les pagaré todo, a partir de ahora, a ti y a la selección femenil. T-o-d-o-s los viajes.
Eso, que esta pequeña de 17 años acababa de vivir, posee un nombre de diez letras: compromiso.
Soraya y las manos que no dejan de moverse. La niña y sus recuerdos. Sonrisa triunfadora.
--Vaya tarea... Era muy fuerte. Y yo tenía temor, pues me la estaba jugando, y no por mí sino por todas las que practicamos esta disciplina.
Parte de la vida de los atletas es resolver y eso se aprende en la convivencia del gimnasio, en las palabras con los amigos; en lo grande de la siguiente cerca por saltar. En lo lento que suelen cocinarse las carreras deportivas plenas.
--"Qué bueno", fue lo que pensé. "Porque ahora se los voy a demostrar".
--¿A quienes? -pregunta, el rostro convertido en una gran interrogación.
Pregunta obvia.
Remontemos.
¿Una mujer levantando pesos?
En los albores del levantamiento de pesas muchas mujeres, como es el caso de Olga Granados Lara, tuvieron un primer acercamiento con el fisicoconstructivismo. Otra de las precursoras, Aída Servín, incursionó en las competencias de la modalidad levantamiento de poder, como se denominó a aquello que muchos hombres no alcanzaban a entender: la presencia femenina en especialidades, como ésta, que contemplaba entre sus movimientos el bench press, la sentadilla, y el peso muerto. La diferencia con la halterofilia es precisamente lo diferentes de los movimientos, como el arranque y el envión.
Fue Aída Servín pionera en el levantamiento de poder; le siguió Olga Granados que, inclusive, en una competencia contra levantadores en la categoría masculina, terminó en tercer lugar ante la incredulidad del público de finales de los años ochenta, pero, sobre todo, de los propios competidores, entonces pertenecientes a la Federación Mexicana de Levantamiento de Poder. Olga, con 52 kilogramos de peso corporal, llegó a levantar 110 en sentadilla, 142.5 en peso muerto, y 60 bench press.
Años más tarde Soraya Jiménez Mendívil entró por primera vez a un gimnasio de pesas y encontró algo de hostilidad. En el mismo equipo del Comité Olímpico debían esperar, ellas, a que los hombres desocuparan los aparatos, amén de miradas de cierto encono. Cada vez más fuerte y más disciplinada, su presencia se hizo cotidiana. Cómo reaccionaron los hombres ante el éxito.
Soraya:
--Siempre hubo mujeres en el gimnasio, pero estuvieron muy rezagadas. Y sucedía que algunos de los muchachos que llegaban a entrenar, si el gimnasio estaba lleno, llegaba y quitaba a una mujer. ¡Y lo peor es que el entrenador lo permitía! Y ahora no. Ahora si no llegaste a tiempo y no conseguiste tarima, pues te esperas. O sea: aquí ya todos somos iguales. Ahora ellos dicen: "no, pues nos quitaron el apoyo". Y no eso no es cierto, no se les quitó, ellos mismos se fueron conformando con los pocos resultados que tuvieron, Dijeron, si siempre vamos a estar viajando, para qué subo, ¿no? Y ese fue el problema.
A ellos, debía demostrarles.
Soraya:
--A ese campeonato mundial fueron dos hombres por parte del COM y terminaron en los sitios 36 y 34, y yo terminé dentro de las mejores diez, como me lo exigieron. Así que al regreso les dije: "Miren: a mi no me pagaron nada, y aquí están los resultados". A partir de esa fecha empezamos a viajar casi equipo completo de mujeres, pagadas ya por el Comité. Finalmente, se nos abrieron las puertas.
Hay mucho de orgullo en lo que relata. Mucho de planes cumplidos. De emoción.
--...Y este, bueno, pues empezamos a entrenar, con muchas más ganas. A partir de eso se fueron rezagando los hombres. Porque entonces ya era parejo: a hombres y a mujeres, pero empezamos a tener más resultados las mujeres. Comenzaron a quitar a los hombres y el apoyo era para nosotras.
En 1998, cuando me informaron que ya estaban las pesas en los Juegos Olímpicos, me dije: "Esa es mi meta".
Pero antes, debía conocer Maracaibo.
Sus propios límites, nuevos obstáculos; consecuencias.
Incrementó las cargas de trabajo, rumbo a los Juegos Centroamericanos; los Juegos del Sol: 45 grados por las noches.
¿A qué se va a Maracaibo? --le preguntaron cuando el presidente Ernesto Zedillo abanderó al grupo, en Los Pinos.
La respuesta, invariablemente, fue: a refrendar nuestro segundo sitio en el área. A ver cuánto nos podemos acercar a los cubanos. A estar por encima de Venezuela y Colombia.
Para Soraya --quien viajó con una lesión en la rodilla--, los Centroamericanos "son un reto entre el ya amplio calendario de competencias que tenemos. Esta será la primera vez que asisto a unos Juegos y me han dicho que son, además de grandes competencias con lo mejor que hay en la región, una buena oportunidad para hacer amigos, para convivir con la gente que se dedica a lo mismo que tú: al deporte".
Pocos lo sabían, pero viajó con la lesión y sus molestias, sus dolores.
Soraya:
--Una semana antes de los Centroamericanos yo estaba de campamento en Mérida. Ya había terminado la práctica; estaba charlando, me senté en una silla y se me trabó la rodilla. Entonces le dije a una amiga: "Destrábamela". Y lo quiso hacer pero nada y nada... y me dolía mucho. Me llevaron al hospital y fue peor. Le hablé a mi papá y le dije "localízame al doctor, ¡pero ya!", y me ubicó a los dos ortopedistas que me atendían. Y por teléfono ordenaban: "Que te hagan así y te hagan asá. Que te pongan una inyección debajo de la rodilla para que relaje: no te vayan a reventar... No. Mejor que no te hagan nada". "Saben qué olvídelo", les dije. "Ya me rompieron algo": fue el menisco. Me pidieron que volviera a México "en el primer vuelo que encuentres". Regresé, me hicieron unos estudios, y ahí mismo me dijeron tu menisco está roto y tu ligamento cruzado está desgarrado. No vas a poder competir. "Cómo no", atreví. "No me interesa, inyéctenme, hagan algo, pero tengo que competir". "Es muy arriesgado, se te puede fracturar el ligamento cruzado y ahí sí pierdes todo". "Pues me la juego".
Se la jugó.
--Me fui a los Centroamericanos. El doctor Rafael Ornelas me hizo una infiltración y me dijeron pues "hazte un vendaje así y así y asado" y yo a Maracaibo llegué como diez días antes de mi competencia. Esos diez días nada más fueron para mantener. Porque era un dolor impresionante. Y me decía mi entrenador, "con qué peso vamos a empezar". "Pues con lo mismo", le decía. Como estaba, pensé, no vamos a bajar marcas; no nada. Afortunadamente salió todo muy bien; obviamente al terminar la competencia tenía la rodilla destrozada. Llegué a México y me volvieron a hacer un estudio y me dijeron "traes una perforación de la rótula al cincuenta por ciento de su tamaño". Me dijo el doctor, "ya ni camines. Ya nada porque si te llegas a tropezar, te llegas pegar o a caer, tu rótula se parte en dos". Y al otro día me metieron a quirófano y me operaron. No había de otra.
Se la jugó.
--Sí. Es que no podía dejarlo pasar... Es como a cualquier persona, ¿no?, que se está preparando para algo y le dicen, por equis razón no vas. Y dije: no me interesa, pero tengo que ir, Afortunadamente no me pasó nada y me fue muy bien. Es algo con lo que uno aprende a vivir: con los dolores. Ya estando en la competencia lo que quiere uno hacer es subir, levantar; hacer lo mejor.
(En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Venezuela, se alzó con las tres medallas de oro y con récords de la competencia al levantar en arranque 80 kilogramos, en envión 102.5 y en total 182.5.)
Soraya:
--Para el 98, rumbo a los Centroamericanos, trabajamos muy fuerte, todo el equipo, y bueno, desgraciadamente no hubo el resultado que se esperaba. Porque esperábamos más: llegábamos un equipo para que la mayoría sacara medallas, desafortunadamente por movimientos medio extraños. Cosas raras que sucedieron en la competencia, raras porque no sabemos hasta la fecha lo qué pasó con algunas competidoras que iban para medallas y se pensaban ellas retirar de las pesas con una medalla y finalmente, se fueron muy decepcionadas.
--¿Cosas raras?
--Raras. Situaciones extradeportivas: en la competencia habían perdido un levantamiento cuando no tenía que ser, sobre todo con la persona que las estaba llevando, con mucha experiencia. Sucedieron cosas que ni hablar. El equipo era muy bueno, la unión era muy buena, también. No sabemos qué pasó.
A ella: tres áureas medallas, récords Centroamericanos y una lesión. Apenas a una semana de los Juegos en Venezuela, donde compitió con los meniscos rotos a consecuencia de una lesión durante un campamento en Mérida, fue intervenida quirúrgicamente.
El orgullo pendía en triple presentación sobre su pecho: oro, oro, oro.


* * *

--¿Mis hijos?... ¡fueron la roña!
Dos hermanos tiene Soraya, campeona olímpica: José Luis y Magali. "Ya uno era latoso, pero con ellas, Dios me ampare", revela su madre.
Casi se vuelve una negativa esa sonrisa en labios de María Dolores Mendívil, que llega al estacionamiento del CDOM y sorpresivamente es abordada por los reporteros antes de iniciar el inquieto juego del obturador. No. No gusta de las entrevistas la madre de Soraya; es a su hija a quien deja la gloria de las declaraciones y la molesta presencia de preguntones periodistas. Prefiere estar lejos de las cámaras.
--No me gustan las entrevistas --replica suavemente la dama, que apaga el motor del automóvil. Pero concede, este mediodía con vientos enrachados y sol escurridizo.
--¿Qué quieren que les diga yo? --cuestiona.
--Cuéntenos, mujer. ¿Qué se siente?, ¿cómo es?, ¿háblenos de ese milagro, regalo, oportunidad, dicha, ensueño que es traer hijos al mundo? nárrenos lo que le ha significado ser mamá. Mamá de campeona olímpica.
Guiña un ojo, chasquea los labios, accede con dulzura. Deberá descender del auto, caminar unos pasos, sentarse a esperar el regreso de Soraya. De todo se trata en esta charla: del aroma de aquella loción de rosas que utilizó los primeros tres años de casada, con el que la recuerda su hijo José Luis; de los consejos a los tres, de la sorpresa al saberse con gemelas en casa; y "de esa ternura inenarrable que es sentir a tu bebé en el pecho, piel con piel, suspiro con suspiro, tenerlo, acariciarlo, y creer como si de tan juntito que está de tí quisiese meterse de nuevo a tu vientre. Qué distinto queremos hombres y mujeres a nuestros hijos: los hombres los defienden como leones, nosotras nos entregamos por completo".

* * *

El abuelo de Soraya fue mayo de Sonora, exactamente del Rancho en Samicarit. Allá creció Dolores Mendívil, heredando culturas ancestrales. Hasta allá partían ella y su esposo cada cuando a vacacionar, de visita, a chapotear en el río, a montarse juguetonamente en los caballos, a deleitarse, "porque yo sí los disfruté muchísimo", con sus hijos.
--Una vez --cuenta Soraya-- el abuelo nos salvó de morir ahogadas en el río... Y nos enseñaba a montar, a ser guerreras. "Si te tira el caballo", nos decía, "levántate, no llores, y vuelve a intentarlo..." Era hombre de una pieza. Y mi abuela, ah, cómo la quise...
Doña Dolores Mendívil.
--...Vivíamos en Lomas Verdes y desde muy pequeños yo los llevaba a practicar algún deporte. Con el propio José Luis, que tenía cinco años cuando nacieron Soraya y Magali, nos íbamos a la alberca todos los días. Cuando ellas tenían dos o tres años, allá en el club había un señor que se preocupaba mucho. No perdía de vista a las pequeñas y venía a decirme cuánto le angustiaba ver cómo aguantaban tanto tiempo bajo el agua. Competían para ver quién sacaba primero las monedas que habían arrojado, o cuál podía permanecer más tiempo sumergida. "Y yo señora --me decía aquel viejito--, que nomás digo, 'Dios mío, ¡éstas niñas no salen!'...", pobrecito. Y es que las metí a nadar muy chiquitas: al año y 8 meses. Soraya comenzó a caminar a los 9 meses y Magali a los diez. ¿Se imagina? Y no, no fueron chillonas, acaso porque desde siempre les dije, y es cierto: no soporto a los niños chillones , así que se volvieron tremendas las dos, más que José Luis. Por eso cuando a mí me preguntan por mis hijos, siempre he dicho: ¿mis niños? ¡fueron la roña!... de verdad.
Nunca hicieron grandes aspavientos, ni berrinches de antología, los hermanos Jiménez Mendívil.
--Por eso cuando veo a Soraya llorar me digo: "Esto sí que le está doliendo". Cuando la veo así, me asusto. Yo, si lloraban de chiquitos, los dejaba, no hacía mucha alaharaca para que no se espantasen, pero mi esposo no, él era distinto: apenas se caían y allá iba a recogerlas, a consolarlas, a consentirlas...

* * *

--¡Nos sacamos la lotería, papá!, ¡nos sacamos la lotería! --gritó el pequeño de cinco años cuando mamá regresó del hospital. Euforia infantil incomparable. Porque no vivió de cerca el acontecimiento, José Luis. Las gemelas fueron ochomesinas que sorprendieron a sus padres. A ellos y a Manuel Mendívil, hermano de doña Dolores, competidor y medallista olímpico. Todos, anticipándose al parto, habían dedicado ya varias semanas a acondicionar una de las habitaciones en la casa. Todo de blanco, fue la decisión de la madre embarazada, "porque no sabemos si será niño o niña".
Manuel Mendívil, hermano de doña Dolores, jinete, partió a Ecuador, a competir a un Mundial de equitación. "Cuando se fue ya iba yo a cumplir los ocho meses de embarazo. Esa mañana --5 de agosto, 1977-- llevé a José Luis al karate, luego a la natación y después los dolores, las llamadas, el parto. Veinte días después, a su regreso, llegó Manuel a casa, porque estuvo viviendo un tiempo con nosotros, y al verme preguntó: ¿qué fue?
--Sube --le dije.
Y vio dos moisés.
--¿Pero qué tontería es ésta?... ¡Gemelos!
--"Gemelas".
No subió mucho de peso Dolores, entonces de 24 años, por lo que nunca intuyó una doble sorpresa: Soraya pesó 2 mil 300 gramos, Magali mil 880.
"Y tuvimos que salir corriendo ese día a comprar de rapidito todo doble, ya no blanco. Qué alegría. Antes de salir al hospital pedí que no despertásemos al niño, porque no podía acompañarme, pero se despertó y preguntó ansioso: ¿mamá, puedo ir a traer a mi hermanito?; le dijimos que no pero al regreso miró a sus hermanitas, se puso como loco y le gritaba a su papá: "¡Nos sacamos la lotería, papá!, ¡nos la sacamos!..." Él mismo, años después, confiesa con cierta burla que no sabía lo que decía.

* * *

--¿Cuál es el más grande recuerdo de su madre?
Guarda un silencio apenas perceptible, Dolores Mendívil. Posa la mirada sobre el cielo del CDOM, a donde, inicialmente, sólo llevaría unos papeles para su hija y aquí está, declarando viejas y renovadas dosis de ternura, cuentos de arrumacos, anécdotas de chiquillos latosos. Heróicas gestas arriba de la avalancha , "pues me subía con ellos a escondidas de su padre". Recuerda:
--Mi madre me decía: hay que sacar el coraje y nunca darse por vencida. Aprendí muchas cosas de ella, como persona de campo y como ser humano, era muy tierna, mi mamá, no cariñosa. Era seca pero muy tierna. Era... no sé... y así soy yo: como que si estuvieras triste y nadie lo sabe; si estás contento tampoco. Inexpresiva. Como que gozas y sufres para adentro, sólo para tí. Muy intensamente. Así soy yo y a veces. Y no sé si es una virtud o es un defecto, pero te ayuda a ser fuerte, a soportar muchas cosas, a ir sorteando el dolor que se siente, a veces, por el sufrimiento de los hijos. Como cuando Soraya, antes de Sydney, lloró al teléfono, desde allá, desde Bulgaria. Había tenido un mal día y hablamos casi una hora: puro llanto. Y yo tan lejos, ¿qué hago?, me preguntaba a cada instante. ¿Qué?

* * *

Quería ser basquetbolista, pero acabó en las pesas porque su estatura no le favorecía. Empezó a entrenar en los gimnasios ocultándose de sus padres, colecciona relojes, extraña Samicarit, Sonora, pequeña plaza habitada por menos de cien personas, donde nacieron su madre; donde su abuelo don Tomás Mendívil vivió más de 70 años. Acompaña a su madre al mercado, ayuda con las labores de la casa y de vez en cuando se mete a la cocina a elaborar lo que más le gusta, los postres.
Soraya inició en el basquetbol, deporte familiar. Magali y ella lo jugaban juntas con tan buen nivel, que fueron seleccionadas infantiles y juveniles. Pero también practicó badminton y natación antes de incursionar en el levantamiento de pesas: a los 11 años pisó por primera vez un gimnasio, y le gustó. Le agradaba verse al espejo y darse cuenta cómo su cuerpo se iba moldeando como ella quería, además le encantaba verse con el abdomen marcado. A los 14 comenzó a practicar el físicoconstructivismo, más tarde la halterofilia.
"Yo la acompaño a toda competencia que va; siempre me ha gustado platicar con ella, seguirla de cerca, estar en esas largas sesiones previas a los torneos en donde ella se la pasa leyendo, preparándose, pero encerrada en un cuarto casi todo el día. A su hermana le fastidia acompañarla; ya se quiere salir. Y su papá prefiere no ver las competencias. Hace poco tuvo una en la que ya había ganado pero ella seguía pidiendo peso: más y más. No me di cuenta, pero cuando aquello acabó mi marido no estaba en el asiento. Venía de afuera, fumándose un cigarro, y eso que no fuma. "¿Qué pasó, papá, qué no me viste?" preguntó Soraya, y él, con la mano al corazón: "no, me salí. Yo no vuelvo a venir a una competencia de estas; un día me va a dar un infarto...?", y ella: "no, papito, nunca te vuelvo a traer, lo prometo".

* * *

Colgó doña Dolores el teléfono y allá, en Bulgaria, quedó Soraya desolada. Rápidamente contó a su esposo, José Luis Jiménez, lo acontecido. "Háblale", sugirió, "pero no le digas que sabes de su llanto". El marcó, la atleta contestó el auricular y, sonriente, le dijo: "La extraño mucho, m'ija, tanto, que podría romper el cochinito e irnos, su amá y yo a verla hasta allá. ¿Compramos el boleto?"
Solucionado: Soraya casi carcajea tras la ocurrencia.
Dolores Mendívil siempre está al lado de su hija. Prefiere abrir bien los ojos cuando coloca la barra sobre sus hombros. "Si algo le pasa, que Dios no lo quiera, deseo estar ahí y saber qué fue, consolarla, ayudarle, y entregarle todo mi amor, mi amor de madre".

* * *

Del Triunfo:
"Cuando se obtiene hay que saber mantenerse sin perder el piso".
De la derrota:
"Hay que aprender de ella para superar lo que se hizo mal y convertirla en posterior victoria"
Del amor:
"En esta etapa de su vida prefiero tener sólo amigos, sin ningún compromiso".
De la vida:
"Procuro vivir intensamente el momento, sin hacer muchos planes a futuro".
Del miedo:
"Al fracaso"
De la oscuridad:
"Me gusta; la soledad que da"
De la muerte:
"Es un descanso eterno".
Le disgusta:
"Que muchos mexicanos no tengan la misma calidad de vida, sobre todo los niños de la calle drogándose, sin tener qué comer".
Supersticiones, fobias:
"No. Bueno... Antes de cada competencia me persigno y procuro no estrenar nada ese día".
¿Prisa?:
"Me encanta la velocidad; con precaución cuando no voy acompañada".
Colecciones:
"Relojes de todo tipo: de pulsera, 150, de pared cerca de 50 y de escritorio casi 40".
* * *

Winnipeg, 1999. Juegos Panamericanos.
(Canadá 3° lugar: 190 kilogramos. Su mejor marca).
--Para los Panamericanos gané bronce. Pero pienso que me robaron la de plata; hubo un error de apreciación: un juez canadiense dio el levantamiento malo, pero él nunca tuvo el valor, o no sé, de decir en la mesa de jueces que se había equivocado y que el levantamiento era bueno. Me dijo: "Estamos en casa y no lo puedo decir". Bueno gracias, para mí el trabajo que había hecho, se me había caído. Pensé: "ya nos veremos en otras competencias". Esa vez ganó la canadiense Maryse Turcotte. Afortunadamente un año después la vencí por diferencia de 10, 15 kilos, en la Copa Norceca. Me preparé duro, muy duro, y desde esa competencia me prometí vencerla. Trabajé desde que me dijeron que ya estaba nuestro deporte en los Juegos Olímpicos. Me dije: "Esto es lo que yo quiero"; y adelante.

* * *

Bulgaria.
Gana oro y respeto Soraya en Bulgaria... Soraya Jiménez se recupera de una intervención quirúrgica en Bulgaria ... No fue necesario el uso de la silla de ruedas. Desde Bulgaria, Soraya Jiménez confirma que la operación fue un éxito y que su recuperación marcha... Soraya Jiménez viajará a principios de la próxima semana a Bulgaria acompañada por su entrenador Gheorgui Koev, quien considera... Soraya Jiménez en este año alcanzó 205 durante su campamento en Bulgaria... Los pocos que la conocen no niegan que a Soraya la han aplaudido más en Bulgaria, país que incluso le ofreció naturalizarse, que en México... Soraya realiza un campamento en Bulgaria y compitió con el equipo local en un dual meet... La campeona olímpica de halterofilia viajó rumbo a
Kitten, Bulgaria, donde realizará una concentración de cuatro meses...
--Un entrenador búlgaro llegó a México en el 98 y yo comencé gracias a esto, a hacer concentraciones en Bulgaria, viajé por Europa casi todo este año; estuve viviendo en Sofía, estuve en Sosopol, cerca del Mar Negro. Muy bonito. Son experiencias muy bonitas, muy padres. Afortunadamente he tenido tiempo de conocer; quizá no lo que yo quisiera, pero sí conocer el país donde estoy, un poco su cultura... Y se da uno cuenta de que en México y en muchos países estamos increíblemente bien. Y qué bueno: México es un país hermoso, a pesar de lo que digan muchos; a pesar de la contaminación, de la inseguridad y la pobreza. He conocido países muy bonitos con una cultura muy padre, también. Uno de ellos, quizás es el sitio que más me gusta, es Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. A mi me encantó la naturaleza. Y hay un punto en el que te dicen: "Este es el Pacífico y éste el Atlántico: Y tú, en el medio de ambos, separados apenas por una porción pequeñísima de tierra".
(A veces se llega a sentir soledad, llegan momentos en que, sobre todo con el cansancio y la presión, sí, te dan ganas de claudicar, pero siempre tuve apoyo de esa gente, la de Bulgaria, mis amigos, mi fisiatra, la familia de mi fisiatra, nunca tuve la necesidad de decir: ya me voy ya no aguanto, estoy muy sola, para nada.)
--Nunca se encontró con eso que les pasa a los atletas; que alguien, alguna vez, dijera: "A qué vas a los Juegos Olímpicos. ¡Vas a perder!"
--...Nunca. Nunca me pasó; de hecho, la gente que estuvo conmigo, cuando viví en Bulgaria estuvieron en contacto. Me hablaban amigos con los que yo empecé en el gimnasio, o en el club; "échale ganas, sabemos que puedes, no te presiones", me animaron, siempre recibí el apoyo de todos.
Bulgaria.
--Estoy agradecida con ese país que me recibe siempre con los brazos abiertos y como si estuviera en mi propia casa.


* * *


Ya. Sydney. 18 de septiembre. Auditorio pleno de escándalo y algarabía.
(Tiene destinatario el par de besos que anteceden a cada levantamiento: Tomás Mendívil, el querido abuelo, recientemente muerto. Hasta lo alto de su pequeño cuerpo eleva Soraya Jiménez un peso total de 222.5 kilogramos, se impone a la coreana Hui Ri Song y a la tailandesa Kasharaporn Suta y se convierte en la primera competidora mexicana que conquista una medalla de oro olímpica)
De espaldas a la barra contiene el aliento. Piensa en él, en el abuelo. En sus humildes manos de labriego, en sus consejos.
Resopla ante auditorio casi lleno.
Callan ahora las que toda la noche ruidosas voces fueron.
Se juega todo en un solo movimiento: el de la medalla de oro.
No piensa en esto: nunca antes una mujer mexicana ha tenido la posibilidad de escalar la parte más alta del podio; han pasado 32 años desde que la esgrimista Pilar Roldán, ganó plata. Han pasado las épocas en que las pesistas competían contra los hombres.
Hoy es deporte olímpico. Y ella, una de sus mejores exponentes.
Y el Himno...
El Himno mexicano no se escucha en una justa de este tipo desde 1984, cuando Raúl González cruzó la meta en el estadio de Los Angeles.
Quedan atrás aplausos, porras, y los levantamientos que durante más de dos horas ha tenido que enfrentar. Trastabilleó en un par de ellos, pero nunca titubeó. Acomodaba la barra, daba un paso al frente, terminaba en diagonal, pero en cada ocasión esperaba hasta el sonido de los jueces y estallaba la euforia, la sensación de bienestar.
--Jamás me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Me dicen que la coreana perdió en su segundo intento la oportunidad de levantar el peso porque se pasó de tiempo, pero allá adentro nada supe. Era parte de la estrategia de mi entrenador; "tú dedícate a tu competencia".
Y competir se dedica Soraya. Allí va... El envión es perfecto. La mancuerna de 127,5 kilos ya está a la altura de los muslos, con las piernas flexionadas. La pausa es de tres segundos. Se concentra Soraya, busca el equilibrio exacto. Porque sigue el momento de la verdad: el arranque. Y de repente inhala poderosamente. Se tensan los brazos, las manos son un par de garras sobre el tubo. Ya. Es un solo movimiento. Vertiginoso, pero parece transcurrir una eternidad. Va hacia arriba el peso, hacia lo más alto del pequeño cuerpo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Ya se vencen los 10 segundos de rigor. Ya se libera Soraya del peso. Ya festeja. Porque ya ha hecho historia: ya es campeona olímpica.
Y entonces el júbilo se vuelve un alarido...
Todo, en el Centro de Convenciones de Sydney, en Darling Harbour, se vuelve tricolor. Se agitan las banderas, se escuchan las porras interminables. Una tras otra...
Suenan ahora las que por un momento calladas voces fueron.
El momento es histórico: por primera vez en la larga vida de
las olimpiadas, el levantamiento de pesas ha sido abierto a las mujeres, y ha querido el destino que la primera campeona en la categoría de los 58 kilos sea una mexicana.
--Es a mi abuelo don Tomás, a quien debo tantas cosas. El me enseñó a montar; él nos salvó un día, cuando Magali y yo éramos niñas, de morir ahogadas en un río. Me enseñó, con su humildad, la tenacidad que se debe tener. Sus consejos me hacían sentir tan bien. Porque en los inicios, por ser éste un deporte de hombres, todo el mundo me criticaba. "Si el caballo te tira, súbete otra vez", siempre me aconsejó.
Escenas que culminan; escenas que se suceden esta tarde. Estas escenas:
Dos besos, como cuando don Tomás llamaba a los caballos. Dos, tras persignarse, son la señal de que está a punto de empezar. Dos, así lo acostumbra desde los días de rancho. Así se lo enseño él.
De esta manera lo evoca. En el amoroso ritual radica parte de la fuerza. Fue el 9 de febrero de 1999. Murió don Tomás, viejo labriego, dejando como herencia esa, su tenacidad. No lo supo Soraya de inmediato, estaba en Grecia, participaría en la Copa Thesalonkini, que iniciaba al día siguiente. Fue al regresar a México que se enteró.
--...Por eso le dedico esta medalla. Porque la última vez que hablé con él, cómo lo recuerdo, me dio su bendición. Por eso son para ellos, pues mi abuela murió un año antes, todos los triunfos que consigo y que conseguiré de ahora en adelante.
Tiene el oro en sus manos.
Se escucha el himno. Se canta a muchas voces. Estremece, hace temblar, tener escalofríos. Muchas lágrimas no dejan de brotar.
Ya la acosan reporteros, organizadores la han llevado al antidoping. Suena el teléfono celular en manos de su madre. Y que ironía: ella y Soraya no se han visto de cerca, no todavía. No ha sido posible.
--Por recomendación de mi entrenador -el búlgaro Georgui Koev Zdraukou--, evitamos todo contacto, y me urge ver a mi familia -dice Soraya.
Por el auricular, desde México hasta Sydney, llama don José Luis. Dice su esposa:
--¿Ya viste?, ¿qué se siente?... Yo, una felicidad indescriptible.

* * *

Ha tenido la coreana Hui Ri Song un error que la despoja del escaño que da más alegría en el podio. Siempre adelante, falla, en su segundo intento, en la modalidad de envión, cuando va por los 127.5 kilogramos.
Actualmente la federación internacional admite dos modalidades: arranque y envión. En una competencia se realizan en este orden y para cada una se tienen tres intentos.
Esta coreana de 53 kilogramos de peso, Ri Song Hui, parece un pequeño montacargas. Nada la hace titubear. Los músculos se ensanchan. Y también la favorita: en Osaka impuso el récord mundial con 131.5 kilogramos, aunque apenas llegue a los 53.90, lo que la convierte en la más liviana de las 17 competidoras.
Y es tal su confianza, o el error de sus entrenadores, que en el segundo levantamiento del envión, no logran acordar sobre cuántos kilos más colocar en la barra.
-¡125! -grita uno de ellos, en el vestidor, sin darse cuenta de que los dos minutos de descanso se terminan.
-¡No, que sean 122.5! -contradice otro de sus asistentes y pide a los jueces la modificación. No calculan. Se confunden. Y Ri Song Hui utiliza sus 30 últimos segundos. Se acerca a la pesa, quedan doce. Encadena los dedos, sólo ocho. Siete, seis, cinco....
Sus entrenadores discuten en voz baja.
Se va el tiempo. Se va la segunda oportunidad.
Soraya, quien acaba de levantar 122.5 y se ha colocado a menos de dos puntos de Ri Song Hui, tiene entonces más franca posibilidad de ser la ganadora. Sus números finales: 97.5, 122.5, total: 220.0
Atrás ha quedado la tailandesa Khassaraporn Suta. 92.5, 117.5, total: 210.0.

* * *

Don Tomás conocía la fortaleza deportiva de su familia. Veinte años antes dedicó igual estímulo a Manuel Mendívil Yocupicio -tío de Soraya-- quien, como integrante del equipo de salto ecuestre, obtuvo medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Moscú 80.
-¿Qué tan importante ha sido el apoyo de las autoridades mexicanas?
--Mucho, porque sin ese apoyo no hubiese podido estar tantos meses entrenando en Bulgaria. Y no nada más allá, sino en Europa y otros países. Y con el resultado se responde a tanto trabajo, a tanto esfuerzo, tanto tiempo fuera de casa.
Dos movimientos muy dramáticos, en arranque y envión, tuvo.
--Fueron instantes muy importantes. Sabía que no debía dejar caer ese peso. Que era necesario, para poder ganar. Luché por sacarlo, evocando al abuelo, a mi familia. Y sí, ya lo había manejado en entrenamientos, pero en competencia es otra cosa. Afortunadamente lo aguanté, a pesar de que lo sentí muy pesado.
--Tuvo inmediata visita al antidoping
--No tengo miedo. Ya me han hecho diez controles, y no sólo en México, sino en el extranjero. Considero que no hay ningún problema y siempre estoy dispuesta a hacerlo todo transparente.
--¿Tiene una idea real de la magnitud de lo que acaba de realizar? ¿Imagina cómo será el futuro a partir de esta noche?
--Pues, la verdad, todavía no. Le comentaba yo a Felipe Muñoz: no he pensado nada hacia el futuro. Es extraño, pero tienes que meterte tanto en tu competencia, en tus posibilidades de ser cada vez mejor, que no te das lugar para imaginar qué es lo que vendrá.
--Don Tomás...
--Fue una persona a la que quise mucho, y falleció durante mi preparación. Una persona que siempre estuvo muy cerca de mi y, bueno, alguien que, antes de partir yo a Grecia, cuando ya él estaba muy mal, me fue imposible visitar. Estaba en Sonora. Entonces le prometí una medalla, le dije: "A partir de hoy todo lo que haga será pensando en ti". Porque fue alguien que me quiso mucho, mucho, mucho. Y más que nada en este mundo, lo que recuerdo es su humildad. A esa es a la que debo todo.
Camina Soraya hacia la calle arropada por el griterío hecho euforia.
Son la sala, los pasillos, los recovecos del Convention Centre, el sitio ideal para verter en gritos, porras, llanto, ese puñado de emociones.

* * *

(Lo revela una entrañable amiga: Desde que ganó no he dejado de derramar mil lágrimas, porque sé que detrás de esa medalla hay mucho dolor, sacrificio y ahora, satisfacción y éxito. Ella es mi amiga del alma, conozco muy bien a su familia y desde que se fue de México hablamos todos los días; es más, me llama como a eso de las cuatro de la mañana en México para despertarme y contarme cómo le ha ido; no ha fallado un solo telefonazo desde hace tres meses, dice que ya esta muy cansada de todos los medios y de no poder tener un rato de paz con su familia, y eso que todavía no llega a México, en donde hay una verdadera Revolución. Sobre lo de su papá, el señor no viajo a Sydney porque decía que le daba el infarto, así es que se quedó en casa con el hermano de Soraya, y a mil insistencias de José Luis lo convenció para que bajara a ver la competencia, y sí, gracias a Dios la transmitieron en vivo, el señor le echo mil porras a su hija y lo muestran varias imágenes de televisión, ya que fueron a filmar a su casa. Espero que eso aclare un poquito tus dudas. Suerte y échale ganas. No dejes de escribir. Claudia.)

* * *

Lugar de Nacimiento: México, DF
Radica en: Naucalpan, estado de México
Estatura: 1.54 mts.
Peso: 58 kg
Deporte: Levantamiento de Pesas
Especialidad: 58 kg.
Logros: 3 medallas de oro y récord Centroamericano 98, con 182.5 kg. en total; bronce en Juegos Panamericanos Winnipeg 99; 8º lugar Mundial de Atenas 99; oro en el Campeonato Internacional Grecia 2000; oro en el campeonato nacional de Bulgaria 2000 con 215.5 kg; plata en el test de los Juegos
Olímpicos de Sydney 2000 215 kg y oro en Levantamiento de
Pesas de los Juegos Olimpicos de Sydney 2000.
Siempre me gustó el deporte.Desde chiquita. A los dos años aprendimos a nadar y siempre nos la pasamos haciendo algo. Nos comenzaron a llamar a la selección infantil y juvenil de basquetbol y ahí fue en donde me mandaron a mí al gimnasio: "sabes qué, por tu estatura, eres chica, pero necesitamos que fortalezcas para que no te peguen tanto". Era core y ala.Y pues sí, me fui, me metí al gimnasio a los once años, con el entrenador Ignacio Fuentes. Estuve trabajando y trabajando y trabajando y me salí del basquetbol y me quedé levantando pesas. Me gustaba hacer el ejercicio, el sentir quizás los músculos cansarse, o quizás el dolor que siente el músculo al estarle dando al trabajo. Eso me gustó. Ignacio Fuentes me dijo: "¿No te gustaría hacer un poco levantamientos olímpicos?. Tal vez meterte ya a alguna competencia?". "Pues no sé. No lo conozco". Y realmente yo no conocía este deporte. Bien, me dije. Vamos a probar, y me comenzó a meter a ejercicios, ejercicios y ejercicios hasta que me dijo: "Hay una competencia nacional juvenil, ¿te interesa? Y yo, de trece años, catorce cuando más: "Sí". Entrenaba en un club privado, en Ciudad Satélite. Nos fuimos a probar y quedé en segundo lugar, Y luego vino una competencia en la que quedé en primero. Y me empezó a gustar. Y me puse a darle y a darle y ya en el 94 fue mi primer evento internacional. Lo bueno fue que mis paderes me apoyaron. Siempre me apoyaron mucho. Mis amigos estaban en el mismo club, practicando esto, y siempre nos preguntamos qué futuro tendría todo lo que hacíamos. Elllos me decían "no sé", yo les decía "tampoco sé", pero nos gusta. Además yo era la bebé del gimnasio. Yo trece y la mayoría 15, 16 y conforme fuimos creciendo juntos me cuestionaban: "¿De verdad te gusta?" Y yo: "Sí, sí me gusta". Hasta que fui a la primera competencia internacional. Me enteré por parte de la federación internacional, que había la Copa Norceca, y fuimos a solicitar a la federación a ver si nos pagaban algo. Nos dijeron que no. No nos iban a pagar nada. Ya iba equipo completo de hombres, y que, bueno, pues me daban el aval y todo, pero que consiguiera patrocinio. Yo hablé con mi papá y me dijo: "Yo te lo pago, vamos". Y como era menor de edad, tenía que ir acompañada de un adulto. Él me acompañó. Y me fue muy bien, porque era internacional de mayores y agarré tercer lugar. Viví una emoción muy fuerte, el estar ahí, el querer estar a ahí, el conocer a la gente con la que iba a competir. Todo era algo muy padre. Fue en Colorado Springs y cuando comencé a entrenar en la zona me decía: "Bueno, voy a competir aquí". Y respiraba profundamente y me imaginaba lo que sería. Había en ese tiempo una campeona del mundo y sentía mucha emoción el poder estar con ellas y quizás hasta darles competencia. Y cuando me sentí en el podio... realizada: "Esto es lo mío, esto me gusta". Y ahí fue cuando me dije: "Me voy a trazar esta meta, vamos a seguir". La escuela la llevaba al parejo. Mi papá insistió: "La escuela no me la dejas". Y pues no podía. Terminé la prepa y entré al Comité Olímpico. Y empezaron las giras y las giras, me metí a la universidad y estuve dos semestres, casi tres semestres y era la locura. O te decides o... Me llamaba la atención lo forense. El derecho forense. Junto con el forense van investigando el porqué la muerte, si se tiene que hacer algún tipo de juicio. Se tiene que ir compaginado con la criminología.
O te decides o...
--Dónde quedan, para un deportista, esos gustos de la juventud y las diversiones propias, un poco el amor, todo eso. Una vida a cambio de qué...
--Si ha sido una vida intensa. Y hay cosas que he tenido que relegar. Pero sí quería esta meta tenía que dejar atrás las diversiones normales de mi edad: salir con mis amigos, con mi hermana a veces salía y otras les decía: "Ya me voy, síganse divirtiendo". No soy mucho de fiestas. Me gusta el cine tanto que todos los días podría ir al cine; ¡ah!, y un buen café con mis amigas. "Yo las alcanzo al terminar el enrenamiento" les decía en ocasiones. Pero luego les tenía que cancelar: "No puedo no, no puedo". Pero todo esto vale la pena. La recompensa es la medalla. Puedo disfrutar de todo eso más adelante, y bueno, un campeonato olímpico no se vive todos los días. Tengo mucho tiempo por delante.
Inmortal. ¿Usted ya sabe que es inmortal...?
Soraya cierra los ojos con modestia. Se vuelve tímida la voz:
--Sí.
--Y usted alguna vez se ha puesto a pensar lo que significa eso. Ya va a aparecer en la historia de la humanidad. Su nombre ahí va a estar. ¿Qué le significa eso?
--Es algo muy importante, aunque es una responsabilidad muy muy grande y que pienso llevar muy bien, con los pies en la tierra. Sobretodo porque estoy pensando ya en un ciclo nuevo, el 2004, y bueno, debo que tener una mejor preparación que para Sydney. Y los errores que hubo, corregirlos. Ahorita ya: a darle muy fuerte. Como dicen: es difícil llegar pero más aún mantenerse. Ahora el rival a vencer soy yo. Me tengo que preparar muy fuerte.
--Qué es ganar una medalla. Cómo se vive.
--Es una emoción muy fuerte, sobre todo al ver el escenario y pensar que está uno muy lejos de su casa, de su papis, y aún así tienes a muchísima gente en ese escenario; gente que te apoya. Yo no sé de dónde llegaron pero ese día había muchísimos mexicanos, vaya, yo salí a la presentación y no vi a tantos. Pero cuando hice mi primer levantamiento yo escuchaba las porras y volteaba a las gradas y veía banderas de México por todos lados. Y entonces decía: es muy bonito, es muy especial el estar tan lejos y que sea uno apoyado así. Y ya uno estando en el podio y cantar el Himno Nacional y ver la bandera y el escuchar a tu gente cantándolo... yo creo que había alrededor de 100, 200 mexicanos. No sé de donde salieron tantos, porque yo nada más traje a cinco, pero fue increíble de verdad.
--Qué pasa con su vida, sigue siendo la misma, ¿ya cambió?
--Como persona sigo siendo la misma. Obviamente todo esto tiene que cambiar un poco, no se puede ser igual porque todo el mundo ya me conoce. Salgo a la calle a caminar por mi familia y es muy bonito que te paren y te digan: "Oye, una foto...¡felicidades!, fírmame aquí".
Habla de técnica Soraya, cuando se le cuestiona: qué es más difícil. Cuál de los dos movimientos le ha costado más trabajo.
--El arranque. Ese siempre ha sido como mi Talón de Aquiles, por eso mismo cuando terminé la competencia de arranque sabía que lo había hecho muy bien. Había logrado mis tres levantamientos de arranque, y ya en envión sabía que el peso que me pongan, yo me meto. Pensaba que en arranque me tenía que ir muy bien. Yo estaba más preocupada en el arranque que en el envión. También trabajé muy fuerte pero sí, siempre he tenido problemitas con el arranque: es un poco más difícil: el agarre es más amplio, el trayecto como tiene que ser la barra es un poco más difícil. Y entones sí había veces que en la misma competencia me preocupaba y sacaba la cabeza o movía la cabeza o no estiraba, en fin. Cuando en el envión tiene uno más posibilidades de acomodarse, ¿no? Pero me fue muy bien, por fortuna, en el arranque. De hecho son dos pruebas en una.
--Y qué otro deporte le gusta a la campeona.
-El basquetbol. Pero mi entrenador me lo tiene prohibido. Quisiera practicarlo un ratito.
--Por las lesiones.
--Dónde está la verdadera fuerza, ¿es mental, es física, es espiritual, la que las lleva a lograr estas hazañas?
--Es una combinación. Porque como dice muchas veces mi entrenador: antes que nada se tiene que levantar con la cabeza. No puedes llegar así nada más y hacerlo. Si uno hay que pensarlo y mentalizarse para eso, y obviamente prepararse físicamente, pero casi el 50 y el 50; se levanta física y mentalmente.
--Y el espíritu, ¿qué parte juega?
--Ese también entra, dentro de lo mental. No puede quedar fuera.
--Hay un momento en el que se siente que flaquea. Que flaquean las piernas, el espíritu, qué es...
--Bueno, a veces sí llega a flaquear ya lo físico, de que, por mucha fuerza mental que uno le dé, pues sí, obviamente todos llegamos a un límite y llega a vencer lo físico. Pero si la mente sigue fuerte, no hay problema. Se puede lograr
--¿Y en esta gran competición, Sydney, sintió en algún momento la flaqueza?
--No, la verdad, nunca. Y me sentía muy bien en la competencia, bastante bien: metida. Tanto así que yo no me enteraba de lo que estaban haciendo. Nada de lo que hacían en la tarima. De hecho supe que la coreana había perdido un levantamiento, cuando ya estábamos esperando la premiación y cuando empezaron a decir que había una protesta de parte de Corea.
--¿Es concentración?
--Sí, eso es concentración. Y bueno, mi entrenador y yo estamos felices de haber podido lograr ese grado de concentración.
--¿De dónde viene esa concentración, de los largos años de entrenamiento, de un don que Dios le concedió, de dónde...?
--Bueno, es la preparación, también. Que se va llevando con condición física, también la sicológica. Y es que sabemos que en este tipo de competencias el que tiene mayor preparación sicológica es el que puede llegar a hacer más cosas. Porque a veces aunque uno esté muy fuerte, si se cae uno en la competencia sicológicamente, no puede hacer nada. Mi entrenador me decía desde un principio, "gorda hay que hacer cinco levantamientos. Con menos no podemos lograr nada". Y yo me acuerdo que le contesté ¿y por qué no los seis? Bueno, aunque hagas cinco. Y afortunadamente salieron los seis levantamientos. Pero repito: fue la concentración que teníamos. Mi entrenador se quedó a hacer la táctica y yo me dediqué al calentamiento.
--Cuál es la táctica.
--Bueno, pues hay que estar al pendiente de todos los movimientos en la tabla, siguiendo a las competidoras más fuertes. Como él dice, la coreana se confió demasiado. Al momento que terminó el arranque se confió mucho y dijo: "ya no hago más levantamientos. Ni uno más". Hizo dos y regaló uno. Allí ella me pudo haber sacado una diferencia mucho más grande de la que ya tenía. Y ahí el entrenador mentalmente empezó a hacer movimientos. Y a empezar a cuidar con qué peso iba a ir la coreana. Ella se sentía con la medalla segura. Es una competidora muy fuerte, pero desconocemos qué es lo que pasó. No sabemos si fue exceso de confianza, o al momento en que hice el 122 y ella perdió el suyo dijo: bueno, pues ya, ella no puede con 127 y yo repito el levantamiento. Porque ella tenía oportunidad . No hizo el 122 pero subir a 127 o a 125, o sea, para sacarme más ventaja.
---Cuanto era la ventaja, en ese momento.
--Dos kilos y medio, nada más. Por eso al momento en que yo me subí a 127 no me servía de nada hacer 125. Me dijo el entrenador: "127, quieres o no quieres. Piénsalo bien, esta oportunidad se presenta una vez en la vida. Si lo haces eres campeona olímpica. Si no... dime ¿qué peso ponemos?". "No no no", le contesté. "Hay que arriesgar, vamos por todo. Hay que hacerlo y sé que puedo". Me sentía yo muy bien. Paso la coreana y terminó su competencia. Al momento en que yo pasé e hice el levantamiento, pues, ya lo sabía: tenía la medalla.
--¿Tenía para hacer más?
--Sí, habíamos trabajado para levantar más. Pero tampoco íbamos a arriesgar. Alguna vez en Bulgaria logré los 130 en entrenamiento.
--Qué sigue, Soraya. Cuántos miles de lágrimas derramadas nos esperan.
--Si hay algo que me quita el sueño es el 2004. Me digo siempre: tienes que llegar mejor que nunca.
El 18 de septiembre de 2000 habló ante un auditorio de periodistas, luego de ganar la medalla de oro, de estremecer al país; de enloquecer a un centenar de compatriotas que ondeaba banderas y gritaba ante cada uno de sus levantamientos. Le preguntaron:
--¿Sabe usted la trascendencia de lo que acaba de realizar?
--No. No me he detenido a pensar...
Lo hará, porque la euforia inicia y su ingreso a la inmortalidad histórica, a la gloria deportiva, llena de lágrimas, de amor, y de ilusiones, a una nación entera.


Abril, 2002