El Calvario de una reina

Pedro Díaz G.
México.- Nunca ha sido sencillo para la campeona olímpica saborear las mieles del triunfo. Desde mucho antes de su encuentro con la gloria en Sydney, el organismo de Soraya Jiménez comenzaba a evidenciar los estragos de un deporte en el que las visitas al doctor son tan constantes como los ascensos al podio.
Fue en 1995 cuando se le detectaron las primeras averías. Y fue la rodilla izquierda la primera en causar problemas, dolores y contratiempos. Un año después volvería al quirófano.
Compitió en 1998, en los Centroamericanos de Maracaibo, lesionada tras un entrenamiento en Mérida. Así viajó. Estoica, incólume. Triunfadora. Tres de oro.
En 1999 se consolidó como la favorita para Sydney. Y cumplió. Pero a las palmas y los elogios le seguirían las interminables citas de hospital; los tratamientos… Más dolores.
La campeona fue operada en Bulgaria de la rodilla derecha y el tobillo izquierdo, por el doctor Alexandrei Alexandrov, apenas dos meses después de la medalla.
Y 2001 le deparaba lesiones en la muñeca; pero 2002 fue especialmente atroz con la heroína mexicana, quien se la pasó de titular en titular entre el caso de dopaje (positivo por Metromedol en el Torneo Panamericano de Barquisimeto, Venezuela), sus excesos de peso y el escándalo por la falsificación de documentos universitarios como pasante de Administración de Empresas de la UNAM para competir en el Mundial Universitario de Izmir, Turquía.
Su tobillo derecho pidió tregua en 2003. Y, para acabar el año, sufrió dolencias por dos pequeñas fracturas en la tibia.
Casi lista para enfrentar lo que sería su segundo ciclo olímpico, Soraya terminó su contrato laboral con el búlgaro George Koev, su entrenador, y decidió cambiarse con el guatemalteco Luis Rosito. Pero vendrían más lesiones. Así es la vida de un deportista: entre pruebas sanguíneas, evaluaciones físicas-atléticas y exhaustivos exámenes.
Ahora, un aneurisma amenaza con afectar su vista. Pasó 30 días en el hospital y por el momento acude diariamente a terapias, lo mismo a la UNAM que al Hospital Metropolitano. Tanto para sus lesiones ortopédicas como el aneurisma, en el Hospital de Neurología. Se recupera.
“Se encuentra perfectamente bien, de las operaciones en rodillas y tobillos no presenta problema alguno", comenta su doctor, Javier Lozano Pardiñas.
Lucha la mujer que venció ya las adversidades y se volvió monarca olímpica. Lo hace con la misma fuerza con la que ese 18 de septiembre de 2000 se convirtió en un ejemplo de tenacidad y diciplina para todos los mexicanos.
Su vida mucho ha tenido de sacrificio: se ha sometido a intervenciones quirúrgicas, ha padecido fracturas en muñecas, tibia, peroné; visita con frecuencia la sala de operaciones, habla con los médicos, sabe de nosocomios, sufre semanas sin apoyar la pierna, se ejercita. Ha sido un viacrucis. Oleadas de acontecimientos, como un imán, viajan detrás de la única monarca olímpica mexicana. Y ella los vence.

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